domingo, 21 de septiembre de 2008

El adiós de Rui Costa, el talento que sedujo a Cruyff



"La suerte no quiere nada conmigo, parece que sea mi enemiga", dijo abatido tras caer con Portugal en los cuartos de la Eurocopa. No era la primera vez que el infortunio le jugaba una mala pasada a Rui Costa. Y es que las expectativas que generaba su fútbol nunca tuvieron una respuesta justa en su casillero de títulos. Sólo la Copa de Europa lograda con el Milan hizo justicia a su compromiso con el espectáculo. Esteta del balón, cómplice de la pausa, su fútbol aunaba fantasía e inteligencia. El propio Figo, uno de los mejores amigos del futbolista, dijo en su momento que era el mejor jugador con el que había compartido vestuario. Por sus botas todo mejoraba: un arranque vertiginoso, una capacidad de asociación demoledora y, sobre todo, un halo de dominio abrumador -sólo al alcance de los que conjugan el talento puro- dejaron prendado a Johan Cruyff. No es de extrañar, pues, que el holandés pidiera su fichaje tras el extravío de sus referentes en el 'Dream Team'. Pero, mientras el mediapunta se fotografiaba con la camiseta del Barcelona, la Fiore ponía encima de la mesa cien millones más y el Benfica aceleraba el traspaso. En Florencia encontró su mejor aliado en Batistuta, un ariete de encomiable puntería, pero apenas engrosó su palmarés.
Hastiado de sinsabores, su pase al Milan fue toda una liberación: "El Milan entra por las venas y ya no sale", dijo tras sellar su etapa rossonera con una Copa de Europa bajo el brazo. La llamada de nuevo del Benfica a los 34 años le alejó de las exigencias, aunque su fútbol mantuvo las constantes de su carrera. Dos años más tarde, el que para muchos ha sido el mejor jugador de la 'generación de oro' del fútbol luso, colgó las botas ante 50.000 espectadores en el Estadio da Luz. Ahora, tras 18 años en lo más alto, dedica sus esfuerzos a mejorar al Benfica desde los despachos como director deportivo del club de su vida.