lunes, 22 de septiembre de 2008

Oliver Kahn, un ganador nato que también dice adiós este 2008


"Mi meta nunca fue ser amado por el público. Lo que yo quería era ser el mejor portero del mundo". Así es Kahn, un meta que nunca hizo concesiones para caer bien y que asegura tener entre sus referentes a 'Rocky', el púgil que popularizó Silvester Stallone. Con esta carta de presentación, no es difícil entender por qué se ha convertido en uno de los rivales más odiados y todo un ídolo en el Bayern, el club de toda su vida. Ya en sus inicios forjó un carácter a prueba de bombas para llegar a lo más alto. Explica en su biografía que en las duchas algunos veteranos se le mearon encima para dejarle claro los galones. Él, mientras, se dejaba el físico en los entrenos para pasar cuentas en el campo. Ahí proyecta un aspecto malhumorado con sus propios compañeros que atemoriza a sus rivales.
Felino en los movimientos, su mejor aliado han sido unos reflejos que ha ido puliendo al lado de Seep Maier. Su juegos lejos de la portería fue su asignatura pendiente. Ahí se le veía atolondrado, incómodo, capaz de lo peor. Suyas han sido algunas de las 'cantadas' más bochornosas del Bayern en la última década, pero sobre todo será recordado por su jerarquía; por sus paradas imposibles... y, claro, por la frondosa colección de títulos que reúne. Los últimos, este 2008, del que se despide con Bundesliga y Copa. Hace unos meses colgó las botas con algunos enemigos, otros tantos amigos y el respeto de todos. Entre ellos, el de Casillas, a quien un día negó los guantes: "Hay que agradecerle lo mucho que nos ha enseñado".