viernes, 27 de febrero de 2009

Réquiem rossonero

Hace dos años la afición del Milan sonreía orgullosa de su equipo. La estampa de Maldini levantando la séptima Copa de Europa en Atenas ponía el broche soñado a una nueva lección de competitividad. A otro muestra de generosidad colectiva de un equipo que se crece con la exigencia. Siempre fue así con el Milan: cuanto mayor es el desafío mejor juega sus cartas. Nadie como ellos ha dominado durante décadas el arte de ganar sin jugar bien. Por eso sorprende tanto ver el actual Milan, eliminado de la UEFA y sin opciones en el Calcio. Es, este, un equipo descuidado, encomendado a sus individualidades y de espíritu quebradizo. La llegada de futbolistas como Ronaldinho y Beckham ha mejorado el marketing del club pero ha dinamitado sus mejores activos. En este equipo ya no corren todos, se parte con facilidad y sus referentes están bajo sospecha. Maldini ya no es Maldini aunque tire de oficio, Kaká anda fuera de onda y Pirlo se ha abandonado al desorden de sus socios. Sólo el brasileño Pato, que ha emergido como un talento demoledor, se ha ganado el derecho a capitanear el próximo proyecto.