jueves, 26 de febrero de 2009

El arte de la guerra

Temeroso, deslavazado y falto de épica, el Madrid sucumbió al plan de Benítez, especialista consumado en convertir un juego azaroso en un campo de batalla descorazonador. Sufrieron los blancos el golpeo cansino de la impotencia. Con Robben incapaz de contener la impaciencia del marcador. Con Gago y Lass superados por la exigencia de Xabi Alonso y Mascherano. Con Raúl sin la fiebre de antaño. Fue el enésimo espectáculo defensivo de un Liverpool que nunca se destapa, que ordena sus tropas sin fatigarse y acaba deprimiendo el talento. Lo peor para los rivales es que domina el arte de la guerra como nadie y le alcanza con un arrebato de inspiración. Madura los encuentros a su merced, sin la pompa de la estética, pero con una perseverancia abrumadora. Desactiva las líneas de pase, achica espacios y ataca los objetivos más débiles. Ante el Madrid le bastó incluso sin sus mayores recursos ofensivos. Con Torres desenchufado del envite y Gerrard en el banquillo, los reds se encomendaron a los detalles para clavar un puñal en forma de falta y deshilvanar todas las costuras de un Madrid agitado. No hubo épica ni estética, y los de Juande regresaron al alambre con un golpe en el estómago, con el orgullo quebrado y sin fe. Lo peor que le podía ocurrir en una noche que apuntaba a redención y acabó con el Bernabéu en silencio.